La Dictadura. El último Gobierno de Antonio López de Santa Anna
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Indice

Introducción

Cronología

Fuentes documentales

Bibliografía

 

 

 

Introducción

 

La dictadura. El último gobierno de Antonio López de Santa Anna

 

Raúl González Lezama

INEHRM

El general de división Antonio López de Santa Anna ocupó la presidencia de la República en seis ocasiones, la última de ellas (1853 - 1855), es la única en la que merece en realidad, el calificativo de dictador.

  

     
   
  General Antonio López de Santa Anna.
Imagen tomada del libro: México a través de los siglos, tomo 4, México Independiente (1821-1855), México, Ballescá y comp. Editores (1887-1889), s/p.
 
 
     

          A pesar de la leyenda negra que rodea su persona, Santa Anna accedió a su último mandato por expresa invitación de sus paisanos y no mediante un golpe de Estado. Tampoco se hizo del poder omnímodo por medio de intrigas y amenazas, esa facultad le fue otorgada de forma deliberada por quienes lo convocaron a ocupar la presidencia. Para entender esta situación, es necesario analizar los antecedentes inmediatos y el contexto en el que se produjo.

El 2 de febrero de 1848 se firmó en la villa de Guadalupe Hidalgo el Tratado de Paz Amistad y Límites entre los Estados Unidos y la República Mexicana. Se trató de un fuerte golpe para los mexicanos de entonces pues, tras una desastrosa guerra, se perdieron de forma súbita dos grandes bienes; de forma material le fueron arrebatados 2 400 000 kilómetros cuadrados de territorio, pero el daño más lamentable fue intangible: se destruyó la enorme confianza con que México había nacido a la vida independiente en 1821, creyendo que estaba destinado a ocupar un destacado lugar en el concierto de las naciones.

Al buscar la explicación de la derrota militar, se concluyó que había faltado unidad nacional frente al conflicto y que, como lo denunció Mariano Otero: “en México no hay ni ha podido haber eso que se llama espíritu nacional, porque no hay nación”.[1] Resultó claro que era necesario trabajar para construir esa nación y esa identidad y en torno a éstas, crear las instituciones que proporcionaran a sus habitantes la seguridad y progreso que tanto anhelaban. No obstante, la tarea se antojaba imposible, sobre todo porque la profunda división entre bandos y facciones, hacía fracasar cualquier tentativa de construir un orden basado en un documento constitucional que satisficiera a todos.

A lo largo de la vida independiente de México, los intentos de transformar las estructuras políticas y sociales sobre las que se apoyaba el Estado, provocaron invariablemente una violenta reacción que, por medio de asonadas, motines y revoluciones, obligaba a dar marcha atrás a los promotores de estos cambios. Detrás de todos estos alzamientos se encontraban los conservadores quienes eran enemigos de toda reforma que alterara el esquema político sustentado en los privilegios de la Iglesia y el Ejército, a ellos se sumaban los grandes comerciantes y agiotistas que obtenían grandes ganancias con el contrabando y la especulación con los contratos gubernamentales.

 

En escasas tres décadas de existencia se habían ensayado ya casi todas las formas políticas de gobierno y todas habían fracasado. Se culpó con mayor vehemencia al federalismo y a las formas de representación popular de haber destruido la unidad de la nación, por lo tanto, la solución era establecer una dictadura con un ejecutivo con facultades legislativas, capaz de mantener relaciones con el Ejército, el Clero y los dueños del capital, elementos considerados los pilares del Estado.

Caricatura en contra de Santa Anna, hoja suelta, 1845. Imagen tomada del libro: Manuel Toussaint, La litografía en México en el siglo XIX: sesenta facsimilares de las mejores obras, México, Estudios Neolitho, 1934, s/p.

 

Esa forma de pensar se hallaba muy generalizada en el país cuando, el 26 de julio de 1852, en Guadalajara, se pronunció José María Blancarte; su movimiento, que en un principio se dirigía a derrocar al gobernador del Estado, se amplió procurando la caída del presidente Mariano Arista.

El coronel Francisco Cosío Bahamonde, que anteriormente se había pronunciado en La Piedad en contra del gobernador Melchor Ocampo, se adhirió también al nuevo plan; Anastasio Rodríguez, en Aguascalientes, hizo lo propio y tomó control de esa entidad. Fue proclamado por Carlos Sánchez Navarro el Plan de Guadalajara el 13 de septiembre que incluía en su artículo 8º:“La nación invita al general Antonio L. de Santa Anna para que regrese al territorio de la República, para que coopere al sostenimiento del sistema federal y al restablecimiento del orden y la paz” (Documento 1).

 

Este plan de Guadalajara fue modificado el 20 de octubre agregándosele la convocatoria de un congreso extraordinario. A esta modificación se le llamó Plan del Hospicio (Documento 2). La rebelión que hasta ese momento no había traspasado los límites regionales, de súbito se convirtió en una auténtica revolución nacional.

 

Para combatirla, el presidente Arista, a través de su ministro de Hacienda Guillermo Prieto, pidió al Congreso la autorización para contratar un préstamo por tres millones de pesos y aumentar todas las contribuciones directas en un 50 por ciento. El poder Legislativo hizo oídos sordos a las demandas económicas y se negó también a otorgar facultades extraordinarias al ejecutivo. Viéndose maniatado, Arista presentó su renuncia. Lo sucedió en el cargo el jurista Juan Bautista Ceballos quien dimitió tras 30 días de infructuosos esfuerzos; su lugar fue ocupado por el santanista José María Lombardini quien allanó el camino para el retorno de Antonio López de Santa Anna.

Teodosio Lares. Imagen tomada de: Enrique Cárdenas de la Peña, Mil personajes en el México del siglo XIX, 1840-1870, México, Somex, 1979, t. II, p. 318. 

Conociendo su carácter, se pensó que la presencia de Lucas Alamán en su gabinete serviría como un contrapeso que equilibraría o frenaría los posibles excesos del general. De forma adicional, en lugar de una cámara de representantes un Consejo de Estado vigilaría la actuación del presidente y le proporcionaría la asesoría necesaria para ejercer un gobierno eficiente y acorde a las auténticas necesidades del país.

El viernes 1 de abril de 1853, Santa Anna desembarcó del paquete inglés Avon que lo había trasladado a Veracruz desde su exilio en Sudamérica; era un poco más del medio día y fue recibido por las autoridades del puerto y por comisiones de varios estados de la República.

El día 20 del mismo mes, en la Ciudad de México, fue investido con la banda presidencial y, conforme a lo acordado, designó a Alamán ministro de Relaciones, puesto que equivalía a nombrarlo primer ministro de su gobierno. También formaron parte de gabinete: Teodosio Lares, Manuel Diez de Bonilla, Antonio Haro y Tamariz, Joaquín Velázquez de León y José María Tornel.

Pese a encontrarse muy quebrantado de su salud, tan sólo dos días después de haber tomado posesión del Ministerio, Alamán presentó las Bases para la administración de la República (documento 3), documento que regiría mientras fuera expedida una nueva constitución. También fundó el Ministerio de Fomento, Colonización, Industria y Comercio, así como el Consejo de Estado compuesto por 21 individuos, divididos en cinco secciones que corresponderían a cada una de las Secretarías de Estado; reorganizó el Cuerpo Diplomático, creó la figura del Procurador General de la Nación y dispuso que fueran separados del Ejército Mexicano los militares que en la guerra de 1847 se constituyeron prisioneros voluntarios de los norteamericanos.

La muerte de Alamán, ocurrida el 2 de junio significó, entre muchas otras cosas, el fin de la esperanza de controlar a Santa Anna quien, a falta de un verdadero ideólogo, comenzó a implantar en México su particular visión del pensamiento conservador, convirtiendo en ridículo el proyecto político que don Lucas habría deseado desarrollar.

En teoría, las facultades extraordinarias de Santa Anna debían terminar el 6 de febrero de 1854; no obstante, un pronunciamiento ocurrido en Guadalajara el 17 de noviembre de 1853, exigió que sus facultades fueran prorrogadas de forma indefinida. Nuevos alzamientos en igual sentido, llevaron o sirvieron de excusa, para que el Consejo de Estado se decidiera el 16 de diciembre a declarar que debía continuar al frente del gobierno en las condiciones en que lo venía desempeñando sin fijar un término para su conclusión.


Lucas Alamán. Imagen tomada del libro: Archivo General de la Nación: Guía General, México, AGN, 1990, p. 26.

 

No obstante las esperanzas de pacificación del país y de las promesas emitidas a su retorno, Santa Anna construyó un régimen despótico y autoritario. Cobijó de manera desmedida a sus favoritos, coartó las libertades ciudadanas, se rodeó de un boato propio de las monarquías europeas resucitando la Orden de Guadalupe creada durante el Imperio de Iturbide (documento 4) y para sí adoptó el título de Alteza Serenísima (documento 5). En opinión de sus contemporáneos, en lugar de un gobierno, el general montó un inmenso carnaval.

Para sostener su tren de vida, cargó a los contribuyentes de impuestos exorbitantes. Además de restituir las alcabalas, decretó gravámenes sobre la propiedad y el trabajo y otros más extravagantes, exigiendo el pago de un peso mensual por cada perro. El incumplimiento era castigado con multas hasta de 20 pesos y la muerte del animal. Uno de los más recordados fue el impuesto que debía pagarse por cada puerta o ventana.

El descontento se transformó en irritación y en lugar de moderar su conducta, el gobierno publicó un bando contra los que murmurasen contra la autoridad, censuraran sus disposiciones o publicaran malas noticias. En él se imponía una multa de 200 pesos a cualquiera que, viendo cometer esas faltas, no denunciara a sus autores. Se canceló la libertad de imprenta (Documento 6) y se impuso la pena de destierro a todo sospechoso de conspiración, la cual se aplicó sin distinción a hombres, mujeres y jóvenes, sin hacer excepción por vejez o enfermedad, quedando las familias en completo desamparo.

Para causar mayores aflicciones a los desterrados, a los habitantes de tierras frías se les enviaba a climas ardientes del sur, o se confinaba a los habitantes de éstos a las regiones del norte; los desgraciados proscritos eran obligados a vivir en poblaciones insignificantes donde no encontraban medios para subsistir. En suma, el régimen de Santa Anna se convirtió en el gobierno de un hombre “poseído de algo como un delirio del poder”, que veía en cada individuo un conspirador y con esa óptica hizo de la persecución una forma de gobernar. Fueron víctimas del destierro destacados liberales como Guillermo Prieto, Melchor Ocampo, Benito Juárez, Ponciano Arriaga, José María Mata y muchos otros.

 

Para colmar el vaso del descontento, “Su Alteza Serenísima”, el general presidente, firmó con Estados Unidos un tratado por el cual México cedía el territorio de la Mesilla a cambio de 10 millones de pesos; en total se perdieron 339 370 hectáreas pertenecientes a los estados de Sonora y Chihuahua.

El 1 de marzo de 1854 el coronel Florencio Villarreal, de acuerdo con Juan Álvarez, promulgó en la Hacienda de la Providencia el Plan de Ayutla, que fue reformado el día 11 en Acapulco por Ignacio Comonfort. La revolución encabezada por Álvarez, caudillo de la Independencia, estalló el 1 de mayo.

 

Tratando de demostrar la legitimidad de su gobierno y la popularidad de su persona, don Antonio convocó a la celebración de un plebiscito en el que la población decidiría si debía continuar al frente de la presidencia. La consulta se llevó a cabo el 1º de diciembre de 1854; los resultados fueron dados a conocer por El Universal, periódico conservador que se había caracterizado por su desmedida adulación al régimen. De acuerdo con el diario, 435, 530 personas se manifestaron por la permanencia de Santa Anna en el poder y únicamente la despreciable cantidad de 4,075 se pronunciaron en contra.

Eduardo Pingret, siglo XIX, Mariano Arista, óleo sobre tela. Imagen tomada de: Eduardo Báez, La pintura militar de México en el siglo XIX, México, Secretaría de la Defensa Nacional, 1992, p. 95.

La referida publicación narró así el entusiasmo popular al conocer el resultado del plebiscito:

Ayer fue un día de júbilo para esta capital: el comercio se cerró a las doce, se pusieron colgaduras en los balcones, y por la noche hubo una iluminación general. El pueblo ha celebrado con entusiasmo un suceso que asegura la continuación del órden, y fortifica las esperanzas de sosiego y de bienestar que todos ciframos en Su Alteza el presidente.[2]

Pero el panorama no se presentaba como se había dibujado: la revolución se extendía y sus triunfos, cada vez más frecuentes, minaban los cimientos de la dictadura. Pese a que sus voceros se afanaron por desmentir los rumores de su eminente renuncia, el 9 de agosto por la madrugada salió Santa Anna de la capital, casi a hurtadillas. Se dijo oficialmente que viajaba a Veracruz para encargarse en persona de restablecer el orden alterado por pequeños disturbios en aquel departamento. Ese mismo día, fue publicado un decreto que establecía que, en caso de necesidad, un triunvirato compuesto por el presidente del Supremo Tribunal, licenciado Ignacio Pavón, y los generales Mariano Salas y Martín Carrera sucedería al dictador. Como suplentes fueron señalados los generales Rómulo Díaz de la Vega e Ignacio Mora y Villamil. Su principal obligación consistiría en convocar a la nación para que se constituyese según su voluntad. Los habitantes de la Ciudad de México se dieron cuenta de que habían sido abandonados a su suerte; sin embargo, las cosas permanecieron en aparente calma por algunos días.

Muy temprano en la mañana del 13, en la Alameda comenzó a reunirse un grupo de personas que pronto alcanzó el grado de multitud. Estos individuos de varias condiciones y profesiones estuvieron de acuerdo en pronunciarse en favor del Plan de Ayutla y para constancia, acordaron extender un acta popular a la que podría adherirse mediante su firma todo aquel que lo deseara de esta forma; desde las once de la mañana hasta las cinco de la tarde se añadieron rúbricas al documento que fue entregado en las Casas Consistoriales al general Rómulo Díaz de la Vega por una comisión encabezada por Francisco Zarco.

De forma paralela y sin conexión aparente con el hecho anterior, la guarnición de la plaza de México decidió adherirse a la revolución y eligieron como cabeza del movimiento al general Díaz de la Vega.

 

Mientras tanto, Santa Anna desde Perote dirigió un manifiesto a la nación en el que se llenaba de autoelogios y recordaba a sus ingratos compatriotas que lo habían llamado de un destierro para salvar a México de la anarquía y que de forma casi unánime las autoridades de los estados se habían pronunciado por su regreso, produciendo el decreto de 17 de marzo de 1853, que declaraba que era voluntad de la nación que él ocupara la primera magistratura con facultades omnímodas. Después de este amargo y prolongado recuento de agravios, presentó su renuncia a la presidencia y vía telegráfica ordenó que a las doce de ese mismo día fuera instalado el triunvirato que señalaba el decreto del 9. El general Díaz de la Vega le contestó refiriéndole lo ocurrido con el pronunciamiento de la guarnición, la agitación de la población y desaconsejando la erección del triunvirato argumentando que sería desconocido por el país entero.

El 18 de agosto, siendo despedido con todos los honores por los miembros del ejército, se embarcó en Veracruz. No volvería a ocupar nuevamente la presidencia de la República.

A pesar de todo, debemos reconocer que durante este breve periodo donde el abuso del poder y la extavagancia fueron la nota, también fructificaron unos cuantos proyectos que significaron un importante avance desde el punto de vista jurídico y administrativo, entre estos destacan la Ley para el Arreglo de lo Contensioso Administrativo (Documento 7) y el Codigo de Comercio de 1854, más conocido como Código Lares.

 

 

José Inés Tovilla, Francisco González Bocanegra, óleo sobre tela, 1918, Museo Nacional de Historia. Imagen tomada del libro: El Himno Nacional Mexicano, México, Secretaría de Gobernación, 2004, p. 49.Fue también cuando por medio de un concurso público, México adquirió el Himno Nacional que actualmente reconocemos como propio y que fue interpretado por primera vez en el Teatro Nacional el 16 de septiembre de 1854 ya con la música compuesta por Jaime Nunó.



[1] Citado por Charles A. Hale, El liberalismo mexicano en la época de Mora, 1821-1853, México, Siglo XXI, 1972, p. 35.

[2] El Universal, 4 de febrero de 1855, p. 1.

 

 

 

Cronología

 13 de septiembre de 1852.- la guardia nacional de Jalisco proclama un plan político que sostiene la soberanía de los estados, ratifica el pronunciamiento del 26 de julio e invita al general Santa Anna a regresar al país y contribuir al sostenimiento del régimen federal.

 

20 de octubre de 1852.-  se modifica el Plan de Guadalajara del 13 de septiembre para proponer la convocatoria de un Congreso extraordinario integrado por dos diputados de cada estado.

 

23 de marzo de 1853.- Lucas Alamán envía una carta a Santa Anna en la que expone el programa del partido conservador a realizar durante su próxima gestión gubernamental.

 

1 de abril de 1853.- Santa Anna arriba a Veracruz en el buque inglés Avon. Es recibido por la población y las autoridades estatales. Diez días después, sale de su hacienda El Encero rumbo a la Ciudad de México.

 

20 de abril de 1853.- Santa Anna entra a la Ciudad de México en medio de calles adornadas. Es conducido a la Suprema Corte de Justicia para prestar juramento y después asiste a un Te Deum en Catedral.

 

22 de abril de 1853.- se promulgan las Bases para la Administración de la República, que establecen una administración de carácter centralista.

 

1 de diciembre de 1853.- el Consejo de Estado otorga a Santa Anna el título de Alteza Serenísima, el grado de Capitán General y un sueldo de 60 000 pesos anuales.

 

16 de diciembre de 1853.- se otorgan facultades extraordinarias,

por tiempo ilimitado, a favor de Santa Anna y se le autoriza a nombrar sucesor en caso de fallecimiento o imposibilidad física.

 

30 de diciembre de 1853.- James Gadsden y Manuel Díez de Bonilla firman el Tratado de la Mesilla.

 

1 de marzo de 1854.- el coronel Florencio Villarreal proclama el Plan de Ayutla en contra de la dictadura de Antonio López de Santa Anna.

 

10 de marzo de 1854.- Nicolás Bravo, desde su hacienda de Chichihualco, se pronuncia en contra del Plan de Ayutla y llama a la nación a continuar bajo el gobierno de Antonio López de Santa Anna.

 

11 de marzo de 1854.- en Acapulco, Ignacio Comonfort reforma el Plan de Ayutla. Dicho plan desconocía a Antonio López de Santa Anna, se nombraría un presidente interino que convocaría a un congreso que constituiría a la nación en una república representativa popular, regida por instituciones liberales.

 

16 de marzo de 1854.- Al frente de una división de cinco mil hombres, Antonio López de Santa Anna sale de la Ciudad de México para combatir a los rebeldes, dejando depositado en el Ministerio de Relaciones el pliego en que designaba la persona o personas que debían sucederle en el mando, para el caso de que no pudiera volver.

 

30 de marzo de 1854.- Antonio López de Santa Anna, acompañado de Santiago Blanco, ministro de Guerra, entra en Chilpancingo donde es objeto de una fastuosa recepción.

 

13 de abril de 1854.- en el punto conocido como el Coquillo, en el cruce del río Papagayo, tiene lugar el primer enfrentamiento entre las tropas de Santa Anna y las revolucionarias. el éxito fue contrario a los revolucionarios. El jefe de las tropas pronunciadas que se batieron en esa acción fue Florencio Villarreal.

 

16 de abril de 1854.- Ignacio Comonfort declara a Acapulco en estado de sitio.

 

19 de abril de 1854.- Ignacio López de Santa Anna arriba a las afueras del puerto de Acapulco e invita a parlamentar a Comonfort quien rechaza la oferta.

 

20 de abril de 1854.- Antonio López de Santa Anna ataca sin éxito, en dos ocasiones, el fuerte de San Diego, defendido por Ignacio Comonfort. Un representante de Santa Anna intentó sobornar a Comonfort con una libranza de 100 mil pesos, pero fue rechazado.

 

22 de abril de 1854.- mueren Nicolás Bravo y su esposa en su hacienda de Chichihualco. Los rumores de la época afirman que fue asesinado por orden de Santa Anna por negarse a colaborar con él en contra de los revolucionarios de Ayutla.

 

25 de abril de 1854.- en Acapulco, Antonio López de Santa Anna traslada su campamento de las Huertas a las lomas del Herrador.

 

26 de abril de 1854.- En Washington, el Senado norteamericano aprueba el Tratado de la Mesilla.

 

30 de abril de 1854.- tiene lugar la batalla del Cerro del Peregrino entre las fuerzas santanistas y las revolucionarias comandadas por Tomás Moreno y Encarnación Álvarez.

 

4 de mayo de 1854.- En su retirada rumbo a la Ciudad de México, Antonio López de Santa Anna llega a Chilpancingo, donde permanecerá hasta el día 7 de mayo.

 

16 de mayo de 1854.- en la Ciudad de México, es recibido con un arco triunfal el general Antonio López de Santa Anna.

 

24 de mayo de 1854.- el Ministerio de Guerra ordena al comandante militar del estado de Guerrero que sea incendiado todo pueblo que se manifieste contrario al Supremo Gobierno y se ejecute a todo individuo sorprendido con las armas en la mano.

 

31 de mayo de 1854.- en México, se ratifica el Tratado de la Mesilla.

 

23 de julio de 1854.- Antonio Diez de Bonilla, gobernador del Distrito Federal, promulga un bando contra los murmuradores, que serán juzgados como conspiradores conforme a la ley de 1 de agosto de 1853.

 

 

1 de diciembre de 1854.- inicia un plebiscito convocado por Santa Anna preguntando si debe continuar en la presidencia.

 

 

13 de diciembre de 1854.- Juan Álvarez invita al general santanista Félix Zuloaga a unirse con su brigada a la Revolución de Ayutla.

 

 

13 de enero de 1855.- en la Hacienda de Nuzco se enfrenta Félix Zuloaga contra tropas revolucionarias comandadas por Tomás Moreno.

 

16 de enero de 1855.- después de ocho días de sitio, Huetamo cae en manos de los revolucionarios comandados por Luciano Martínez e Ignacio Díaz. El defensor de la plaza, el coronel santanista Francisco Cosío Bahamonde, es fusilado al día siguiente.

 

18 de enero de 1855.- la brigada de Félix Zuloaga acuerda desconocer al gobierno de Santa Anna y engrosar las filas revolucionarias. Zuloaga se rinde a Florencio Villarreal.

 

2 de febrero de 1855.- justificado en el plebiscito que convocó el año anterior, Santa Anna expide un decreto en el que declara que es voluntad de la nación que permanezca al frente del gobierno.

 

26 de febrero de 1855.- fuerzas revolucionarias toman la ciudad de Chilapa, Guerrero.

 

3 de marzo de 1855.- desde Iguala, Guerrero, Antonio López de Santa Anna da órdenes al comandante militar de México para que Antonio Haro y Tamaríz sea aprehendido y expulsados de la capital Octaviano Muñoz Ledo, Mariano Riva Palacio, Furlong y otros a quienes considera desafectos a su régimen.

 

10 de marzo de 1855.- en Chilpancingo, Guerrero es fusilado el revolucionario Francisco Rosendo Moreno, quien había sido hecho prisionero en la acción de Petaquillas el 23 de febrero.

 

1 de abril de 1855.- tropas fieles al gobierno de Santa Anna entran sin resistencia en Zitácuaro.

 

20 de abril de 1855.- el general liberal Santos Degollado toma Puruándiro.

 

22 de abril de 1855.- Miguel Negrete se pronuncia en Zamora en favor del Plan de Ayutla.

 

El 5 de mayo de 1855.- Santa Anna y su ministro de Guerra, Santiago Blanco, entran en Morelia.

 

13 de mayo, en Lampazos, Nuevo León, el general Santiago Vidaurri se pronuncia contra la dictadura de Santa Anna con el Plan Restaurador de la Libertad.

 

15 de mayo de 1855.- Antonio López de Santa Anna ocupa Zamora, abandonada por Miguel Negrete sin presentar batalla. Si bien los revolucionarios abandonaban sus posiciones, no se rendían por lo que la campaña en su contra no puede juzgarse exitosa.

 

23 de mayo de 1855.- Santiago Vidaurri toma Monterrey y se declara gobernador y comandante militar de Nuevo León.

 

25 de mayo de 1855.- la Villa de Guerrero, Tamaulipas, se pronuncia en favor de la revolución.

 

28 de mayo de 1855.- el general santanista Ramón Tavera derrota a Santos Degollado en la Acción de Tizayuca.

 

9 de junio de 1855.- Declarando haber obtenido buenos resultados de su campaña sobre Michoacán, Antonio López de Santa Anna regresa a la Ciudad de México, sin embargo la revolución continúa y obtiene apoyo de varios puntos de la República.

 

1 de julio de 1855.- un decreto declara enemigos públicos y conspiradores a todas las personas que colaboran en el gobierno de Santa Anna.

 

7 de julio de 1855.- el general Ignacio de la Llave se pronuncia en Orizaba a favor del Plan de Ayutla.

 

El 22 de julio de 1855.- Ignacio Comonfort toma Zapotlán el Grande, Jalisco.

 

29 de julio de 1855.- Dolores Tosta esposa de López de Santa Anna salé de la capital de la República. La opinión pública lo interpreta como un signo de la próxima renuncia de Santa Anna a la presidencia.

 

29 de julio de 1855.- Colima se adhiere al Plan de Ayutla y Comonfort la ocupa sin resistencia.

 

8 de agosto de 1855.- para sucederlo en el poder ejecutivo, Santa Anna nombra un triunvirato compuesto por Ignacio Pavón, presidente de la Suprema Corte, y los generales Mariano Salas y Martín Carrera.

 

9 de agosto de 1855.- a las tres de la mañana, Antonio López de Santa Anna sale de la Ciudad de México escoltado por un regimiento de lanceros y se dirige a Veracruz.

 

12 de agosto de 1855.- Antonio López de Santa Anna publica en Perote un manifiesto redactado en su finca El Encero donde renuncia a la Presidencia de la República.

 

 

 

 

 

 

Fuentes documentales

 

Bases Orgánicas: AHDF, Bandos, Caja 20, Exp. 100.

Alteza Serenísima: AHDF, Bandos, Caja 23, Exp. 53

Ley de lo Contencioso Administrativo: AHDF, Bandos, Caja 21, Exp. 11.

Ley de Imprenta: AHDF, Bandos, Caja 10, Exp. 101.

Ley restableciendo la Orden de Guadalupe: AHDF, Bandos, Caja 23, Exp. 16.

 

 

 

Bibliografía

Fowler, Will, Santa Anna, Xalapa, Universidad Veracruzana, 2010.

Producto de una investigación de varios años, Fowler presenta una interpretación del personaje basado no exclusivamente en sus acciones como gobernante, sino considerando también otros momentos de su vida. Contribuyen también a la explicación las acciones de sus seguidores más fieles y en especial las de su amigo el general José María Tornel.

González Pedrero, Enrique, País de un solo hombre: el México de Santa Anna, volúmenes I y II, México, Fondo de Cultura Económica, 1993. Concebida para ser una obra en tres volúmenes, han sido publicados los dos de ellos. El primero inicia en 1794 con el nacimiento de Santa Anna y concluye en 1829, en el segundo volumen, el autor arranca en el intento de reconquista de Barradas hasta la campaña de Texas de 1836.

López de Santa Anna, Antonio, Mi Historia militar y política, 1810-1874: Memorias, México, Lindero Eds, 2001. Autobiografía de Antonio López de Santa Anna publicada por primera vez por Genaro García en 1905.

Muñoz, Rafael F., El dictador resplandeciente, México, Fondo de Cultura Económica, 2000. Escrita por el célebre novelista no debe ser considerada como una obra de carácter historiográfico. Sin embargo, nos permite introducirnos al personaje y su época de la mano de una prosa grata y en momentos divertida. Tiene también el mérito de abordar el tema desde el punto de vista del dictador.

 

 

Prieto Guillermo, Viajes de orden suprema: años de 1853, 54 y 55, México, Patria, 1970. Obra biográfica de Guillermo Prieto en la que describe sus peregrinar por el territorio nacional a raíz del destierro decretado en su contra por Antonio López de Santa Anna. Nos proporciona una interesante perspectiva de la vida cotidiana durante la dictadura santanista.

 

 

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